jueves, 14 de enero de 2010

Luna Park

Luis Cardoza y Aragón (Guatemala, 1904-1992)
I
a Ramón Gómez de la Serna
Siglo XX,
Nuevo Renacimiento,
Aquí está la vida mía:
Nací cuando el sollozo del último siglo,
no se oía ni un solo eco,
y aeronauta ebrio de vértigo,
¡lancé mi lastre al pasado
y me hice todo alas!
Tal vez mis ojos tengan
las retinas convexas
y mi visión sea única:
Mi mundo es deformado,
dolorido,
el mundo de los otros
reflejado
en mis curvos espejos.
(En los curvos espejos
de la vida el gesto
mejor se ve porque se ve grotesco.)
Me canta la adolescencia sus misterios,
—¡canciones de sirenas!—
¡y es toda una locura mi ansia de vivir!
Derrochar juventud
como una fortuna
por mis ojos se escapa:
Son dos geysers de espíritu.
¡Sed de saber del placer,
del dolor, del amor y del odio,
del misterio de la vida y la muerte:
¡Vivir, vivir, vivir!
Y en la armonioso locura del mundo
—montaña rusa espiritual—
el alma despeñar!
¡Que cada día que pase esté pleno
de un nuevo episodio,
mi aventura en la vida!
Nací odiando la monotonía.
De las almas en paz,
odio la llanura
por no accidentada:
¡Que alfombre la llanura
la senda en donde pasan
galopando las montañas!
¡Un grano de locura
floreció en mis entrañas!

martes, 12 de enero de 2010

Poema a finales del año 1983

Henrik Nordbrandt (Dinamarca, 1945- )
El día más corto del año
fue además el más hermoso
gracias a la jirafa
ese extraño animal que se te aparece
cuando necesitas saber
que algo es extraño
y hermoso, como por ejemplo el concepto “ángel”
o los inexplicables saltos en la teoría de la evolución:
Gracias a uno de ellos
pudo con su largo cuello llegar hasta allí arriba
donde también mi sueño debía interrumpirse
y todas las escaleras se habían podrido durante mis intentos
-así que un sol que yo no había visto en meses
tuvo de repente algo que iluminar de nuevo:
Un par de extraños cuernos patéticamente inútiles
y unas largas pestañas
muy por encima de un muro con manchas de musgo grisáceo.
Después con un delicioso movimiento le hizo
señas a la noche y desapareció de nuevo tras el muro.
¡Oh, ballenas! ¡Oh, pavo reales! ¡Y ustedes, monos chillones!
¡No despierten al viejo Mr Darwin
que duerme tranquilo a bordo de su barco fantasma!
¡No le quien la ilusión
de que el orden reina en la tierra
y de que las plumas se construyen por sí mismas
para aquel que necesita volar!
Y como ya se ha demostrado hace tiempo
que el abejorro no lo ha conseguido
-¡dejen pues simplemente que un círculo de verdaderos ángeles
hagan guardia alrededor de su litera!
Trad. Francisco Uriz

sábado, 9 de enero de 2010

Nadie podrá decir sopa, caldo aguado, tú eres culpable…

Ricardo Castillo (México, 1954- )
Nadie podrá decir sopa, caldo aguado, tú eres culpable.
Ésos sólo tocan la campana y dicen ver en lo clarito.
Pero ciempiés tan ciego el pensamiento
saca sus olas i desbarata: el mundo se cae
y ésos se sienten los buenos "soy obediente,
aborrezco el desvelo, amo poquito y no sueño"
Dios convertido en su alcahuete y su policía,
los ahorros en las sudorosas manos no alcanzan para ir a la eternidad,
la vida guardada en un cofre hasta perder la llave,
disfraz sin baile, sin invitados, la no mancha confundida con la claridad.
Penetra, muchacho, aguanta esta bruma,
un trago de alcohol necesita Dios aquel día,
Pero el mundo no ha muerto. Acaso
son días en que la luz oferta miedo,
elevador atorado, rodillas en el cuello,
extraviados en casa propia, estampados del propio lamento;
pero no falta un clavo, una bacha que haga el milagro,
lagañas lavadas, tragos lavafuegos.
Ya casi sin confiar en el paladar amargo,
no entendía la broma, acreditaba pesadilla,
no gajes del oficio, no esta voz sin padre,
no madre, no hijo, saliva ajena para siempre mía.

martes, 5 de enero de 2010

Tractatus de sortilegiis

Óscar Hahn (Chile, 1983- )

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, adónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.

martes, 29 de diciembre de 2009

Metamorfosis de Roberto Bolaño (1953-2003)

Hernán Lavín Cerda (Chile, 1939- )

Desnacido y casi en los huesos, fuma
que fuma, se lo fumaba todo, al Mundo
y al Inframundo, incluso a Dios
y al Diablo, cuando yo lo conocí sin conocerlo
nunca, a los veinte años de su edad, más agudo,
socarrón y eléctrico que un colibrí en el aire
de su rabiosa y cruel incertidumbre.

Le gustaba mucho más el crepúsculo vespertino
que la tibieza del esplendor del mediodía:
siempre fue más infra que el Inframundo,
aunque no supiera muy bien dónde estaba el Inframundo.

Contra todo y contra todos, lejos de Dios
y de la Academia no sólo de la Lengua:
como francotirador, tuvo una puntería inconmovible
para disparar contra el ojo único
en la frente del pianista, que era él mismo,
con la más agria belleza de su leche tan suya.

Algún día estuve en Barcelona y no fui a verlo:
me gustan, ¿cómo negarlo?, y no me gustan los poetas más "malditos"
que noctámbulos: ya no hay malditos de verdad
en este Mundo o en aquel Inframundo:
se me enrosca y se me sube en su espiral la pituitaria,
tiembla en lo más profundo de mí el Gran Simpático
y me viene el sueño a lo bestia, un sueño a menudo ingobernable.

Recuerdo que se burlaba de casi todo, bendito sea, y de improviso
podía enterramos, bilosa y fraternalmente, el cuchillo por la espalda:
pobre niño tonto, menos lúcido que tonto, por fortuna,
¿en qué piensa uno cuando dice por fortuna?

¿Cómo, por qué, cuándo? Ni él mismo lo sabía, mientras
iba mordiéndose el hígado a flor de piel, no hay hígado
que no sea de pronto un cadalso, sí, a flor de bilis
y más bilis, con aquella ternura y soberbia
insuperables, como desde un precipicio aún más hondo que la hondura de Dios.

Lo dijo mejor que nadie en "El burro", aquel poema que aparece
y de súbito desaparece de su libro Los perros románticos:

"Me subo a la moto y partimos
Por los caminos del norte, la cabeza y yo,
Extraños tripulantes embarcados en una ruta
Miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
Tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
Y ventiscas de arena, el único teatro concebible
Para nuestra poesía".

Vete al Diablo con tu metamorfosis, Roberto,
aunque el Diablo, como aquel Dios,
seamos nosotros, los que tal vez nunca
te olvidaremos, a pesar de todo.

Descansa en paz o, si lo prefieres, no descanses
en paz o en guerra, y sigue tu camino de animal romántico,
más de romántico que de animal perruno
y hasta la próxima, no te olvides, con dinero
o sin dinero, para decirlo al modo de José Alfredo Jiménez,
quien anda todavía por el Mundo y el Inframundo como tú, detrás de un hígado
de repuesto, la viscera casi inmortal, el higadillo del fervor y el entusiasmo.

Echaremos los hígados a favor tuyo, en tu nombre,
esperando que del manantial aparezca el invisible conejo de luz,
aquel milagro de la resurrección, ¿dónde estuvo la herida?, de una vez y para siempre.

martes, 15 de diciembre de 2009

Dice mi abuelo...

Marco Aurelio Chavezmaya (1960- , México)


Dice mi abuelo

que todos despertamos

con labios de piloncillo.

Pero que eso,

y sólo eso,

nada más lo saben

las niños y los niños

que se dan un beso.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Ya que el mar diluye los huesos...

Pedro García (1938- , Brasil)

Ya que el mar diluye los huesos
que sea una fiesta