jueves, 11 de marzo de 2010

Canción de la niñez

Peter Handke (Austria, 1942- )

Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy vos?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan sólo un sueño?
Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, los porotos,
el arroz con leche y la coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, sólo en ocasiones.
Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.

Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.
En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.
En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando.
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo.
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol,
y ésta aún sigue ahí, vibrando.

Trad. Gabriela Fanzone

lunes, 1 de marzo de 2010

Allá donde las lagunas son el cielo...


Juan Cunha (Uruguay, 1910-1985)

Allá donde las lagunas son el cielo
Tuve mi vacación de vacas verdes
El viento era un caballo sin escalas
y yo me le sentaba firme al flete

El sol
Era un melón
La tarde
Una sandía
Y la vida
La vida una pura gana
De morder y morder manzanas

Pero de esto hace mucho

martes, 23 de febrero de 2010

Donde sólo se habla de amor

Juan Bañuelos (México, 1932- )

A los hombres, a las mujeres
que aguardan vivir sin soledad,
al espeso camaleón callado como el agua,
al aire arisco (es el aire un pájaro atrapado),
a los que duermen mientras sostengo mi vigilia,
a la mujer sentada en la plaza vendiendo su silencio.
En fin, diciendo ciertas cosas reales
en una lengua unánime, amorosa;
a los niños que sueñan en las frutas
y a los que cantan canciones sin palabras en las noches
compartiendo la muerte con la muerte,
los invito a la vida
                         como un muchacho que ofrece una manzana,
me doy fuego
                         para que pasen bien estos días de invierno.
Porque una mujer se acuesta a mi lado
                         y amo al mundo

viernes, 12 de febrero de 2010

Rata-sirena-fáustica

Oliverio Girondo (Argentina, 1891-1967)

¿Te molesta que roa tu techo,
tu silencio?

Pero dime
-si puedes-
¿qué haces,
allí,
sentado,
entre seres ficticios
que en vez de carne y hueso
tienen letras,
acentos,
consonantes,
vocales?

¿Te halaga,
te divierte
que te miren,
se acerquen,
y den vueltas y vueltas
antes de permitirles
echarse,
como un perro,
en tus páginas yertas?

Podrá tu pasatiempo ser harto inofensivo;
pero alguien que posee los dientes más prolijos,
más agrios que los míos,
al elegir la víscera que ha de roerte un día
-si es que ya no se aloja en una de tus venas.,
torna estéril y absurdo
ese fútil designio de escamotear la vida.

Allí están las ventanas
que te dan un pretexto
para abrir bien los brazos.

Asómate al marítimo
bullicio de las calles,

¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?...

lunes, 8 de febrero de 2010

Vuelo más allá del aliento en el que escribo

Mario Santiago Papasquiaro (México, 1953-1998)

Ni la tinta de las calles
ni el hedor de los cuartos menguantes son mi encierro
Las vaginas & los soles giran / pastan
al trote de mis ojos de becerro
Vuelo al gozne
al intersticio
al menor pie del menor brote
Adicto calamar a las luciérnagas
A la luz plexus carnal la chupo adicto
Bajo mamey / hamacas de guayabo
Esquirlas de estrellas bien bajadas
Del lóbulo al talón
de tanto amor
aun sin dirección / las llevo a sitio
De lóbulo a talón
aun sin bendición
me voy de hocico
¿Para qué pues la vida flor / el rol plusvivo?
Vuelo más allá
Canijo ritmo
El don de mi azadón salió cabrio
La piel de mi panteón sacude al frío
Vuelo más allá
: Pegasos míos :

jueves, 21 de enero de 2010

Más tarde, han de bailar

Bob Kaufman (E.U.A., 1925-1986)  
En la ciudad de San Francisco han derrocado la estatua de San Francisco,
y todos los colibríes vuelan hacia delante en protesta, tarareando poemas emplumados.
Bodenheim denunció a todos y escribió. Bodenheim no tenía dulces sueños de marihuana,
patriótico bebedor de Muscat que no murió enserio, ningún amor de poeta para terminar, se fue.
Dylan tomó la siesta del gato de piedra en San Vicente, cerveza del Vaticano, ninguna defensa;
ese poema gritaba desde su habitación lleno de monjas, un insulto al cerebro, nervios,
ahorra ahora desde Swansea, caballos blancos, aves cebada, poemas ronquido, el ave de Gales.
Billie Holiday se perdió en el metro y se quedó ahí para siempre,
cultivó pequeños jardines de paz interior en estaciones fuera del camino,
y continuará viviendo en envoltorios de jazz silente por siempre amada.
Mi rostro se siente como un mapa viviente de alivio emocional, por siempre húmedo.
Mi cabello se enrosca en anticipación de mi propia jardinería salvaje.
Pobre Edgar Allan Poe, murió traducido, en pantalones sin planchar, terminó en luz,
rodeado de gusanos de oro extáticos, su éxodo bendecido por la orgía de Baudelaire.
Ya sea que soy o no un poeta, utilizo cincuenta dólares de aire cada día.
Con el propósito de existir me escondo en pilas de poemas azules y rojos
y abro pequeños sensuales parasoles, cantando la canción de la uña enterrada,
bebiendo tibias beatitudes.
Trad. Svetlana Pribilowska Garza

: Quiquiriquí


Jesús Arellano (México, 1919-1979)

Nidal mi corazón del más varonil gallo enchispa su galillo en aborígenes luceros
Quiquiriquíes a perfil gentilicio despabila ciudades y campiñas

Tornasolero enrojurece si en buen juicio no pide a cántaros la paz
Etílico de orgullo le hace rueda a la vida y le embarga la cola maternal a la Tierra
O suntuario a los redobles de algodón lunalunero electroniza pájaros y electrifica rosas

Lencería de los vientos se aluza con el pica la cabeza y lebrón se emplumoniza los penachos para que así por siempre se empurezcan nuestros pobres sentimientos como los de justicia y como los de amor
El rojo corazón de un varonil gallo